Su último año en imágenes
En unos días celebraremos el primer aniversario del fallecimiento de mi madre, y he visto oportuno compartir de un modo muy visual cómo fue su último año aquí entre nosotros, porque a pesar del dolor y la tristeza que nos pudo causar su pérdida- y antes de eso su enfermedad-, es bonito y nos puede ayudar recordar la alegría y el sentido del humor que ella tenía y transmitía a los demás, incluso en momentos difíciles, de preocupación o de dolor que intentaba hacer que pasaran desapercibidos para los demás y evitar que estuviéramos tristes o nos preocupáramos por ella.
Recuerdo una ocasión en la que fui a visitarla al hospital. En cuanto entré a la habitación lo primero que vi fue a una enfermera sentada en su cama y mi madre agachada en el suelo masajeándole las piernas. Mi madre era fan de una pomada para el dolor muscular y en cuanto sabía de alguien que podía necesitarla le regalaba un tubo (no tenía ninguna relación con la marca, ni le pagaban por promocionarla ni nada de eso, simplemente a ella le había funcionado en muchas ocasiones). Al parecer la enfermera cojeaba ese día y se quejaba de dolor de piernas, por lo que mi madre no solo le regaló la pomada sino que le hizo un buen masaje para que pudiera seguir con su jornada laboral sin molestias. Pues así era mi madre, espontánea, servicial y generosa y todo ello con risas y sentido del humor.
Echando la vista atrás a tan buenos recuerdos de ese año, he llegado a la conclusión de que todo estaba previsto por Dios ¡no podía ser de otro modo! Dios tenía muy bien pensado el momento para llevársela y también todo lo que ella tenía que vivir antes de irse y de qué modo. Fue un año de muchos acontecimientos especiales para ella, no solo por los festejos en sí, sino porque eran el culmen de años de afán, de esfuerzo, de sacrificio, de preparación interior y sobre todo de oración y confianza en Dios. Esos acontecimientos fueron la guinda del pastel de su vida: viaje a Tierra Santa, el 50 aniversario de su matrimonio, preparación y enlace matrimonial de Andrés y Lucía, reencuentro familiar, diagnóstico y aceptación de la enfermedad...y otros muchos momentos aparentemente ordinarios pero con muchísima trascendencia.
Me siento afortunada de haberla acompañado durante parte de ese camino cuyo fin es el Cielo.
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