Un milagro llamado Lourdes


Milagros ocurren todos los días, pero es necesario pararse, levantar la mirada y observar con detenimiento.

Hay personas que siendo aparentemente tan poca cosa, mueven montañas, y Lourdes es una de ellas. 

Conocí a Lourdes en el hospital, fue compañera de habitación de mi madre en la 6ª planta. Lourdes acababa de sufrir un ictus, anteriormente ya había sufrido dos infartos y había sido operada a corazón abierto, resultando aquella operación un éxito, pero ahora yacía en la cama sin poder apenas moverse, ni hablar, ni siquiera comer ni tragar, sin embargo se daba cuenta de todo, con la mirada hablaba, con la sonrisa abrazaba, y con las canciones de Miguel Bosé curiosamente cantaba. 

Sus familiares, gente sencilla, pero cada uno más extraordinario me contaban que cuando llegó al hospital por el ictus, el médico dijo que no se podía hacer nada y que le quedaban horas de vida. Sin embargo, a las pocas horas, Lourdes fue despertando y recuperando la conciencia. A partir de ahí, su lucha por vivir y recuperarse ha sido constante. Una luchadora de las grandes, con un corazón todavía más grande.

Mi madre, que no paraba quieta, estaba continuamente pendiente de ella, ayudando a los familiares en atenderla, ejerciendo de peluquera, de masajista y de todo lo se presentaba y sobre todo dándole ánimos. Le decía "Laura estaba como tú, pero ella iba hacia atrás, sin embargo tú vas hacia delante y te vas a recuperar". Es verdad ¡nos recordaba tanto a Laura que era como tenerla en la cama de al lado!

Pues MªCarmen no se equivocó. Han pasado meses y Lourdes está en su propia casa, comienza a andar, es capaz de comer por ella misma y de verbalizar algunas frases. Lo más importante es su optimismo, sus ganas de vivir y el cariño que le tiene a la gente. 

Mi madre no dejaba de agradecer todo lo que le acontecía, incluso la enfermedad que le había tocado vivir. Coincidir con Lourdes fue también un regalo del Cielo  no sólo para ella, sino para todos los que tuvimos la ocasión de coincidir con gente que te ayuda a parar, a levantar la mirada y a valorar los tesoros escondidos en las cosas más sencillas. 

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